20 octubre 2013

Historia



Nos conocimos un medio día y nos besamos. No escuchamos nada más que bla bla bla y te besé otra vez porque eres hermosa, aunque me dolía desde entonces ser yo, tu dolor era como el mío, y tu boca decía mis palabras, y mis ojos solo veían nuestra  realidad. Y tú disfrutabas mis manos... usabas la falda corta, tus piernas torneadas, tus labios gruesos, tu cintura.
No había pena de nada, y un recuerdo era a veces como una espina, porque antes habias llorado, porque yo tambien lloré.
Y nos amamos mucho y poco, pues se rompió el hielo, los cristales, todo... y se nos secó el futuro. –hay que salir de aquí, dije... y saliste solo tú, en cueros. Y nos estrellamos con la primera separación.
Fuiste al psicólogo. Y yo llegaba tarde y borracho a todos lados. Tu mamá me dijo que necesitabas tiempo, que volviera luego. Y me fui borracho a conocer el mundo, otros mundos. Y me pasó de todo: maté un par de veces y volví herido al teléfono de la esquina para llamarte en la madrugada... Descolgado.
Entonces me enamoré de una canción que tocaba diario, que me dió de comer y de beber hasta que se desocupó la línea, porque cuando te oí volví a matar y me escapé al bosque.
Llovía y nos mojamos en el sendero y tú los labios, otra vez. Te recorrí en el bosque y soñé hasta que el desengaño tocó la puerta. Eran como las tres de la tarde, entonces la canción, celosa, me lanzó la verdad en la cara y todos vomitamos. Luego la llevé al silencio de donde vino, entre lágrimas y sangre de las dos bofetadas con que se despidió de mi.
Agarré la guitarra, y tu cintura y caminamos el bosque cada fin de semana; llevabas un ave pequeña entre las manos; e iba a volar con nosotros esos domingos de viento, de mascotas, de agua, de sol.
Yo sabía que no eramos los mismos, pues tardaste unos años en contestar. Y todos los mundos nos cambiaron, pero nos veíamos iguales. Así pues, hicimos una zanja y hablamos de cimientos mientras nos fumábamos un toque. Sudamos mucho, y nos secamos el sudor como felinos: con la lengua. Y así fuimos sabiendo a que sabía el otro, y aprendimos juntos a pegar tabiques...
Entonces llegó un temblor, y se cuarteó una parte; yo sé que el ave saldrá volando y quedaremos tú y yo bajo los kilos de tabique, removiendo de los escombros una tarde de lluvia el paseo aquél por el bosque, los besos felinos, los labios y nos saldrá una sonrisa o una mueca, mientras levantamos de nuevo el muro, mientras levantamos de nuevo el vuelo ligero que conocimos aquel medio dia, mientras acabamos de morir, viviendo.

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